Cartas de una gatita: Parte 1

¡Cuánto tiempo sin escribir! Lo cierto es que se debe a mucho trabajo y compromisos con nuestros amigos de cuatro patas, lo cual siempre es una buena excusa. Hoy he encontrado un ratito y, sin pensarlo, he querido hacer algo diferente, transmitiros una historia que ha cambiado mi vida para, además, animaros a ayudar en casos como este. ¿Quieres que te presente a Lorelein?, seguramente también conquiste tu corazón.

CARTAS DE UNA GATITA PARTE 1

Me llamo Lorelein y soy una gatita de pocas semanas de vida. No recuerdo, como seguro que ninguno de vosotros, cómo nací, pero me han contado que fue en la calle, en un lugar frío. Mi madre gata había tenido muchos cachorritos y no podía cuidarnos a todos. Como yo era de las más débiles de entre mis hermanos y había nacido con un ojito mal, mi madre me dejó entre unos arbustos con la esperanza (creo yo) de que sobreviviera por algún milagro divino y así poder salvar al resto de mis hermanos.

Pasé una noche entera maullando para ver si alguien me escuchaba y me daba algo calentito para beber… La verdad es que los gatos bebés tenemos prácticamente dos únicas cosas en mente: comer y dormir. Cuando tienes una madre que te cuida, la vida es fácil; el problema viene cuando, como me ocurrió a mí, te encuentras solo, sin madre, con los ojos aún cerrados (porque nacemos con los párpados pegados) y sin apenas fuerazas para moverte. Seguro que vosotros, humanos, también tuvisteis que aprender a caminar… Pues bien, en nuestro caso, no es diferente: tenemos que aprender muchas cosas, y entre ellas, a caminar bien, ya que nuestros músculos nacen sin estar muy desarrollados. Como bien he dicho antes, durante nuestras primeras semanas de vida solo tenemos que comer y dormir, así que, ¿para qué queremos más músculos?

Cuando ya pensaba que gastaría mis 7 vidas maullando sin que nadie me escuchara… de pronto noté unas manos calentitas que me recogían. No olían a gato, pero me encantó su tacto suave. Mi rescatadora se llamaba Laura.

Laura me llevó enseguida al veterinario para ver qué se podía hacer. Como eran tan evidentes mis ganas de vivir como mi debilidad, la veterinaria decidió quedarse conmigo para alimentarme a base de biberones ( cosa que tenía que hacerse cada 2 o 3 horas) y darme un hogar calentito. Además, a los gatos bebés es necesario estimularnos para hacer pipis y cacas… Así que la veterinaria tenía un duro trabajo por delante.

Había tenido suerte y aún me quedaban 6 de mis siete vidas intactas.

Durante las siguientes 2 semanas, solo recuerdo dormir calentita, comer hasta que me hartaba y empezar a descubrir olores y sonidos… Me daba a mi que no estaba sola en aquella casa y que como mínimo rondaban por allí otro gato y algún perro, además de los que ya eran para mi mis padres humanos: la veterinaria y su marido, que se turnaban a partes iguales para que no me faltara nunca la leche calentita.

Cuando cumplí 10 días, empecé a abrir los ojos…y aquí estuve a punto de gastar otra de mis 7 vidas, ya que, como recordareis, os dige que había nacido con un ojito mal. Mi párpado derecho no está bien formado y se me gira hacia dentro produciéndome picor y legañas. Se me ha infectado un poco y me molesta, aunque me lo van curando. Mi madre humana dice que la córnea no está dañada, pero que seguramente me tengan que operar cuando sea algo más mayor. Yo tengo bastante miedo, pero confío en tener suerte. Hasta ahora he sido afortunada en realidad.

Hoy he cumplido 3 semanas y ya estoy hecha un trasto. Empiezo a coger fuerzas para caminar, ya interactúo con los otros animales de la casa (siempre bajo control de mis padres y pocos minutos al día por ahora) y pronto podré empezar a probar deliciosas latas y pienso…

Maullo sin parar porque me gusta escuchar mi voz y porque veo que siempre que lo hago me hacen caso o me traen el ‘bibe’, aunque, entre nosotros, confesaré que a veces no tengo hambre y lo hago solo para llamar la atención.

Me han dicho que dentro de un mes estaré preparada para mis primeras vacunas y que me dejarán ya ir por toda la casa. ¡Tengo tantas ganas!

Yo he tenido suerte, pero hay muchos gatitos como yo que no la tienen, por eso hoy, he querido contar mi historia… Con la esperanza de que, si alguno de los que leeis esto os encontrais a un gatito abandonado como yo, no le hagais gastar sus 7 vidas… Si unas manos como las de Laura recogen a esos gatitos, puede que ellos también tengan, como yo, una oportunidad.

Además, ¿os cuento unsecreto? Quizás está mal que yo lo diga pero… ¡somos adorables!

Mmmmmmiau

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